“Esto ya se ha convertido en un serio problema y no podemos hacer nada porque nos agreden. Lo único que podemos hacer cuando abren los vagones es observar, pedir ayuda y esperar a que llegue la Policía Municipal a ayudarnos porque si le entramos nosotros nos llueven piedras y otras cosas”, dijo un vigilante de Ferromex que cuida los patios de maniobras.
La semana pasada en un recorrido por las vías en la estación del tren se constató la forma en que operan grupos de personas para robar los vagones.
Por un lado, en una serie de furgones cargados con chatarra y casi estacionados a la altura del edificio central de la estación, por lo menos 10 personas aprovechaban la penumbra para aventar bloques de chatarra hacia afuera de los vagones.
Mientras, otro grupo aparecía de entre otros vagones estacionados por el paso a desnivel de Gaspar de Almanza, se atravesaban los dos pares de vías solas que había de por medio y recogían los bloques de chatarra, regresaban con ellos cargados y los metían a un domicilio cercano, a espaldas del INFOPOL.
De repente, a lo lejos sobre las vías, en dirección hacia Francisco Juárez, se escucha que se aproxima un tren. Los demás vigilantes de la empresa de seguridad contratada por Ferromex salen de la caseta y se preparan con lámparas y radio en mano para entrar en acción.
La luz del tren ya se observa sobre las vías, pero avanza lentamente. Llama la atención que el silbato del tren suena con insistencia y los nervios comienzan a hacerse presentes entre los demás vigilantes.
El tren tarda más de dos minutos en llegar; algo inusual al considerar la cercanía con la que ya se vislumbraba la luz de la máquina principal, pero cuando ésta llega, todo queda claro: habían frenado el tren metros atrás.
Los únicos cinco vagones que arrastraban las dos máquinas traían los frenos ‘amarrados’ y echaban chispas por la acción de las balatas, era lo único que quedaba de un convoy de más de 40 vagones; varios de ellos cargados con aparatos electrodomésticos, que salió de Irapuato con destino a la Ciudad de México.
De la máquina principal salta el maquinista y apura a los vigilantes. “¡Ya nos frenaron el tren, los demás vagones se quedaron allá atrás!, ¡hay que pedir ayuda a la Policía!”.
De inmediato, uno de los vigilantes toma el radio y pide a la cabina de control de tráfico de trenes que solicite la presencia de la Policía Municipal, mientras los demás revisan una por una las conexiones de los pocos vagones que alcanzaron a llegar a la estación con las dos máquinas.
“Mira (en el enganche segundo vagón), ahí fue en donde cortaron el aire para activar los frenos, casi cortan todo el tren, por eso los demás vagones venían amarrados y echando chispas”, explicó uno de los vigilantes.
A los cinco minutos llegan las primeras patrullas de la Policía y descienden por lo menos seis elementos, quienes toman posiciones de inmediato a lo largo del tren, desde la zona de la estación hasta el puente del paso a desnivel de avenida Insurgentes.
En el frío de la noche sólo se escuchan las indicaciones por radio, del control de tráfico de la estación del tren y las conversaciones entre algunos policías. De repente tres disparos.
“¡Córranle!, no se queden entre las vías a campo abierto porque nos puede tocar una bala perdida!”, dijo el maquinista a los elementos de seguridad.
Tras los disparos, el ambiente se vuelve tenso y ahora sólo se escuchan los ladridos de varios perros a la distancia.
“Al parecer fueron algunos compañeros que hicieron disparos al aire para alejar a unas personas que querían abrir los vagones”, explicó uno de los policías que resguardaba el lugar en donde habían quedado los cinco primeros vagones del tren y las máquinas.
Aun así, los demás policías se mantienen con sus pistolas o los rifles de asalto en la mano y junto con el personal de seguridad de las vías proceden a revisar las conexiones de los vagones varados varios cientos de metros atrás.
Casualmente, a las orillas de las vías hay algunas personas que permanecen sentadas a las afueras de sus casas y sólo observan el paso de los policías. No dicen nada, sólo los siguen con la mirada.
Tras casi diez minutos de revisión, policías y personal de seguridad de las vías detectaron por lo menos tres puntos en donde cortaron el paso del aire para activar los frenos de los vagones. Reparan el paso del aire y dan indicaciones al operador de la máquina para que regrese por los vagones varados.
El proceso se hace lentamente hasta que los vagones quedan enganchados, por radio le piden al conductor que avance hasta llegar de nuevo a la estación y poco a poco lo hace, pero a los pocos segundos un nuevo problema.
Apenas había avanzado el convoy unos 20 metros cuando de repente se volvieron a desenganchar varios vagones, esta vez desde el cuarto atrás de la máquina.
“¡No puede ser!, ¡apenas habíamos estado ahí hace unos minutos!, es el cuento de nunca acabar con estas personas”, dijo uno de los policías que cuidaba la zona.
El problema fue que por revisar los vagones de atrás, nadie cuidó los vagones de adelante y algunas personas aprovecharon para volver a cortar el aire de los frenos y desenganchar los vagones, pero sólo a manera de burla.
“Esto lo hicieron para provocarnos, para intentar burlarse de nosotros porque saben que no podrían abrir los vagones para robar porque estamos aquí”, dijo el oficial de Policía.
De nuevo, a restablecer el paso del aire para los frenos, regresa la máquina con los pocos vagones que jalaba. Engancha el resto de nuevo y arranca hacia adelante, esta vez con los ojos de por lo menos 20 elementos entre policías y agentes de seguridad de las vías que revisan con lámparas cada uno de los enganches.
El tren pasa poco a poco y cobra velocidad de nuevo, mientras que por radio, la Policía y los elementos de vigilancia de las vías piden estar atentos más adelante ante cualquier nuevo intento de robo.
“El robo al tren se ha vuelto tan descarado, tan grande, que incluso se roban lo que sea. Mira, hasta una ‘muela’ que va en los enganches de los vagones ya se llevaron”, menciona el Policía, al tiempo que señala con la lámpara uno de los vagones estacionados de otro tren sin este pesado objeto de metal con el cual se engancharía a otro vagón.
“Se los llevan para venderlo como chatarra, así es su negocio”, dijo.
Hasta hace un año, los robos sólo se limitaban a la zona de la colonia Santa Teresita, mejor conocida como ‘La Guajolota’, en donde robaban en un principio chatarra pero con el paso de los meses comenzaron a abrir vagones cargados con productos agrícolas y enseres domésticos.
* Agreden con piedras a patrullas
Ahora, además de ‘La Guajolota’, otros de los puntos detectados en donde se roba con frecuencia al tren en la línea concesionada a Ferromex es en la misma estación, a su paso por la colonia Las Américas, a la altura de la ‘harinera’ en la salida a Villagrán y en la Segunda Fracción de Crespo.
En la ruta concesionada a Kansas City Southern, los puntos conflictivos detectados en el robo a los vagones es a su paso por la colonia Emiliano Zapata y Ampliación Emiliano Zapata, en donde las personas que se dedican a esta actividad también han llegado a agredir con piedras y otros objetos a las patrullas y cualquier otro vehículo que intente impedírselos.
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