La oleada de robos de cobre, hierro, chatarra y
materiales de obras que sufre la provincia de Sevilla desde hace unos
años por parte de bandas organizadas de delincuentes ha puesto en alerta a los vigilantes de seguridad.
Después de la última agresión al vigilante David Piña Sanz en las obras
de construcción de un supermercado en Amate, el pasado septiembre, los
sindicatos de los trabajadores de la seguridad privada están organizando
una concentración para denunciar las carencias que sufren en el sector.
Muchas de las personas que custodian de noche obras, plantas fotovoltaicas o polígonos industriales se encuentran solas y sin armas.
Como en el caso de David Piña, los vigilantes sólo disponen de una
defensa reglamentaria y unos grilletes. A veces las empresas de
seguridad no se hacen cargo ni siquiera de las linternas ni de los
gastos de telefonía móvil de sus empleados, que en muchas ocasiones no
cuentan ni con un sistema de comunicación mediante walkie-talkies.
Pese a que las Fuerzas de Seguridad sólo hablan de episodios puntuales de violencia hacia los vigilantes, los profesionales del sector aseguran que las agresiones han ido en aumento a
medida que han crecido los robos de cobre. "No disponemos de
estadísticas porque el Ministerio del Interior no nos las facilita y las
tiene bloqueadas, pero la percepción que tenemos es que cada vez hay
más casos y que los delincuentes son cada vez más organizados y más
violentos. Si una persona está de noche sola en una obra con una porra y
unos grilletes, poco puede hacer ante gente que le sorprenda armada",
explicó ayer a este periódico el portavoz del Sindicato de Trabajadores
de Seguridad (STS) en Sevilla, Antonio Fernández Acacio.